septiembre 1, 2026

¿Quién va a trabajar en el Chile de 2040?

Gonzalo Cornejo Abogado (LL.M.)

Especialista en Derecho Migratorio · Director de TCABOGADOS

Una buena política migratoria debería comenzar por una pregunta que Chile todavía formula demasiado poco: ¿qué trabajadores necesitaremos durante los próximos veinte años?

Nuestra población está envejeciendo y la proporción de personas en edad activa comenzará a reducirse. Al mismo tiempo, distintos sectores productivos ya experimentan dificultades para encontrar determinados perfiles.

Sin embargo, nuestro sistema migratorio sigue funcionando en buena medida de manera reactiva: primero llegan las personas y después intentamos determinar cómo incorporarlas.

Deberíamos invertir esa lógica.

Los datos laborales permiten entender por qué. Durante el trimestre agosto-octubre de 2025, la población extranjera presentó una tasa de participación laboral de 80,6% y una tasa de ocupación de 74,9%. Es decir, la migración que Chile ha recibido tiene una marcada orientación hacia el trabajo.

Eso no significa que toda inmigración produzca automáticamente beneficios económicos. La informalidad entre los trabajadores extranjeros todavía alcanzaba 28,2%, aunque había disminuido tres puntos porcentuales en doce meses.

Y allí aparece precisamente una de las tareas de la política pública: conseguir que la migración laboral ocurra dentro y no fuera de la economía formal.

La propia Política Nacional de Migración y Extranjería establece como objetivo promover una migración ordenada, segura y regular que contribuya al desarrollo del país y considere las necesidades de los territorios.

Ese principio debe convertirse ahora en instrumentos concretos.

Chile debería contar periódicamente con un mapa de ocupaciones deficitarias por región y sector económico. Salud, agricultura, construcción, cuidados de adultos mayores, transporte, turismo, determinadas especialidades técnicas y otras actividades pueden requerir respuestas distintas.

El Gobierno ya está avanzando en esa dirección respecto de los trabajadores de temporada, proponiendo modificar el Decreto 177 para ampliar de seis a diez meses su permanencia anual y facilitar su contratación formal, particularmente frente a las necesidades agrícolas.

El principio podría extenderse.

No se trata de promover únicamente migración universitaria o altamente calificada. Una política migratoria inteligente debe reconocer que un país necesita médicos e ingenieros, pero también técnicos, cuidadores, trabajadores agrícolas y otros oficios.

La palabra correcta no es necesariamente migración “calificada”.

Es migración necesaria.

Una persona que ingresa por una vía regular, porque existe una necesidad laboral previamente identificada, con antecedentes revisados, contrato formal y domicilio conocido, representa además una migración más segura y trazable para el Estado.

Por eso mercado laboral y seguridad tampoco son objetivos contradictorios.

Chile debe pasar de preguntarse qué hacer con la migración que recibe a decidir, al menos parcialmente, qué migración quiere atraer.

Esa es la diferencia entre administrar flujos migratorios y tener una verdadera política migratoria.

Fuentes de referencia: INE; Servicio Nacional de Migraciones; Ministerio Público/Fiscalía de Chile; Banco Central de Chile; OCDE; Superintendencia de Pensiones, según corresponda a cada columna.

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