septiembre 8, 2026

Migración y delincuencia: saber distinguir

Por Gonzalo Cornejo, abogado especialista en Derecho Migratorio y director de TCABOGADOS

El último informe del Ministerio Público sobre secuestros entrega un dato que no podemos ignorar: durante 2025, cerca de uno de cada cuatro casos involucró a uno o más imputados extranjeros.

La pregunta es qué hacemos con esa información.

Podemos utilizarla para asociar migración con delincuencia. Sería un grave error. La inmensa mayoría de los extranjeros que vive en Chile trabaja, forma una familia y busca progresar.

Pero cometeríamos un error igualmente grave si, por temor a estigmatizar a los migrantes, evitáramos reconocer que una parte de la nueva criminalidad que enfrenta Chile tiene un componente transnacional.

El desafío, entonces, es distinguir.

Una cosa es migración y otra es crimen organizado.

Y precisamente por eso necesitamos una política migratoria que contribuya a la seguridad.

Chile debe controlar eficazmente sus fronteras, saber quién ingresa, verificar identidades y antecedentes y mejorar el intercambio de información con otros países. Frente a organizaciones criminales extranjeras, el Estado debe actuar con toda su capacidad: investigar, perseguir, sancionar y expulsar cuando legalmente corresponda.

Pero la seguridad no termina en la frontera.

También necesitamos saber quiénes están viviendo actualmente en Chile. La irregularidad y la falta de identificación generan espacios de invisibilidad que dificultan la fiscalización y pueden ser aprovechados por organizaciones criminales.

Por eso hay una idea que debería estar en el centro de nuestra política migratoria:

Para combatir el crimen organizado necesitamos saber quién es quién en Chile.

Identificar no significa regularizar automáticamente. Significa conocer para poder distinguir.

Distinguir al trabajador del delincuente. A quien tiene familia, trabajo y arraigo de quien pertenece a una organización criminal. A quien viene a aportar de quien utiliza la clandestinidad para delinquir.

Y luego actuar de manera diferente frente a cada realidad.

Con el crimen organizado, ninguna tolerancia.

Con la migración que Chile necesita, vías legales, antecedentes verificados, trabajo formal, cotizaciones y reglas claras.

No necesitamos escoger entre migración y seguridad. Necesitamos menos clandestinidad, mayor identificación y mejores herramientas para perseguir a quienes realmente representan una amenaza.

Confundir al migrante con el delincuente es injusto. Pero negar la dimensión transnacional de parte del crimen organizado es irresponsable.

Una buena política migratoria debe ser capaz de hacer ambas cosas: proteger a Chile del crimen y permitir que la migración que aporta pueda integrarse bajo reglas claras.

Ese es el desafío: más seguridad, menos clandestinidad y una migración que aporte a Chile.

Fuente de referencia: Reporte sobre secuestros del Ministerio Público, difundido en septiembre de 2026.

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